+ Fuente: elpais.com
La memoria literaria de Blasco Ibáñez, el ambiente de artistas y pescadores, las casas solariegas... Todo será destruido si la avenida planeada por el Ayuntamiento de Valencia arrasa el barrio.
En la franja del litoral entre el Grao de Valencia y la Malvarrosa tienen asiento varios poblados marineros divididos desde el siglo XIX por las acequias del Turia, que vertían las aguas en el mar. La acequia del Riuet marcaba la frontera del Grao con el Canyamelar; la acequia de En Gasch separaba el Canyamelar del Cabanyal; la acequia de Los Ángeles o de Pixavaques limitaba el Cabanyal de la Malvarrosa, que entonces se llamaba Cap de França, la cual a su vez tenía en la acequia de La Cadena la última marca de las playas de la ciudad de Valencia. De estos poblados, el del Cabanyal era el que poseía el alma más fuerte, más marinera, puesto que constituía el centro de todo el ajetreo de la pesca. En su playa varaban en aquel tiempo, junto a Flor de Mayo, la barca que dio nombre a la primera novela de Blasco Ibáñez, otras cincuenta embarcaciones de cubierta, de entre 15 y 25 toneladas, que faenaban día y noche en aguas del golfo. La idílica escena de los bueyes rubios tirando de ellas en medio de las olas para arrastrarla hacia la arena o botarlas en el agua ha servido de motivo para muchos cuadros de Sorolla y de José Navarro, si bien por debajo de esa luz cegadora y aparente felicidad preternatural alentaban las pasiones y la miseria de los hombres de mar y de aquellas mujeres que esperaban en la orilla con un cesto en la cadera la llegada del pescado.